Almitas torturadas,
pobres esclavas blancas del tango y la milonga.
Mujeres infecundas,
¡autómatas del vicio, sin alma y sin amor!...
No sé por qué esta noche
reflejan tus pupilas la pena que te mata
y en cada carcajada,
yo sé, pobre milonga, solloza el corazón.
Tal vez tu propia culpa,
tal vez el desengaño
del hombre que has querido
y hoy para olvidarlo,
emborrachás tu alma
con tango y con champagne.
Pero pensá, milonga,
que hay una criaturita
de manecitas blancas
que en este mismo instante
tal vez a unos extraños
les llamará mamá...
No comprendés, milonga,
que vos pasás la vida en una farsa alegre,
donde se necesita,
para conquistar hombres, eterna juventud.
Pero los años pasan,
dejando sus recuerdos, recuerdos muy ingratos
y cuando vieja y fea
te encuentren tus "amigos",
verás qué ingratitud.
Yo sé que vos sos buena,
que escucharás este ruego
de este sincero amigo.
No sigas por la senda
de fáciles placeres, de tango y de champagne.
Pensá cinco minutos
en esa criaturita
de manecitas blancas,
que en este mismo instante,
tal vez a unos extraños, ¡les llamará mamá!
Su ausencia esta congoja me dio,
y a veces su recuerdo es un bien
que pronto se me ahoga en dolor...
Y nada me consuela
de ir siempre más lejos
de verme sin ella.
Mi paso va adelante
y atrás el corazón.
El rumbo que me aleja tan cruel,
me roba sus caricias de amor,
y sólo el pensamiento la ve,
la escucha embelesado,
la besa con ansias,
la siente a mi lado.
Y voy, así soñando,
más lejos cada vez...
Blanca palomita que pasás volando
rumbo a la casita donde está mi amor,
palomita blanca, para el triste ausente
sos como una carta de recordación...
Si la ves a la que adoro,
sin decir que lloro, dale alguna idea
de lo muy amargo que es vivir sin ella,
que es perder su amante calor...
Sigan adelante, pingos de mi tropa,
que de un viento errante somos nubarrón
y en un mal de ausencia se nos va la vida
siempre a la querencia dándole el adiós...
¡Palomita blanca!
vuela noche y día de mi nido en busca
y escribí en el cielo con sereno vuelo:
"No te olvida nunca, sólo piensa en vos".
No sabe aquel que nunca dejó
su amada a la distancia, el pesar
que al alma impone un duro rigor,
que viene de ladero,
que a ratos la nombra
midiendo el sendero,
mirando allá en la sombra
los pagos que dejó...
La he visto entre mis brazos llorar
la he visto al darme vuelta al partir
su tibio pañuelo agitar,
y luego irse achicando
su imagen lejana...
y en mi alma agrandado
su encanto... y esta pena
de no tenerla más...